Se me ocurrió la brillante idea de ir a ver la película “The artist” . Convencí a mi marido.
Nos fuimos a ver algo romántico a más no poder y culto a más no poder, un romance a la antigua, una película muda sobre las películas mudas. Ese era el tema: el paso del cine mudo al sonoro. Aunque el asunto era otro, yo me atreveria a decir que el paso de un matrimonio que ya no interesa a otro. Parece ser que es uno de los miembros de la pareja el que ha perdido el interés y no quiere hablar del tema. Y eso que la esposa le grita: ¡hablame!. Pero hombre ¡como va a hablar si la película es muda!
Nada más empezar se ve un fragmento de cine mudo, una película dentro de la película. Cuando termina, se ve al público aplaudiendo y sale el protagonista al escenario, -debajo de la pantalla- con un perrito monísimo detrás. Pero, claro, no se oye porque es cine mudo. Es supergracioso, hay una actriz rubia y tonta que quiere salir a saludar pero él no la deja porque quiere acaparar toda la atención. La actriz-rubia-tonta está que echa humo. El público, el de verdad debería troncharse, no sé por qué no se rió nadie.
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El artista ve derrumbarse su mundo cuando el cine sonoro hace acto de aparición, y más cuando su mujer le echa de casa y el tiene que vender todas sus cosas (incluido un retrato de sí mismo, de dos metros de altura, que tenía en el salón) Se resiste a adaptarse a los tiempos y fracasa.
Aquí tenemos, un hombre de mediana edad, egocéntrico y frustrado por un fracaso. Un tema que se ve poco en el cine y que sin duda, ha de despertar nuestros más íntimos sentimientos de empatía. Menos mal que al final todo acaba bien. El señor consigue recuperar su autoestima bailando en películas sonoras y enrollándose con la actriz joven que le admira muchísimo y sólo piensa en poder cuidarle.
Sin duda es una película para mujeres. A las chicas jóvenes os va a encantar, y así aprendéis un poco sobre el glamur que tienen los hombres de mediana edad frente a la insipidez de los jovenes de la vuestra. Y a las señoras ya les está encantando, tanto si están solas, como si ya se están haciendo a la idea de quedarse solas y acabar despidiendo el año con sus hijos, su exmarido y su novia; la de él, quiero decir.
