
¿ Se han preguntado alguna vez por qué en los escenarios los y las artistas se dirigen al público como señoras y señores, damas y caballeros?
Supongo que no, y yo tampoco. Pero estos días, con ocasión del texto publicado por Ignacio Bosque, en el que arremete contra el afán de algunos por cuidar el tema de las diferencias de género sexual en el lenguaje, me he dado cuenta de que existen notorios ejemplos, como el citado, que a nadie parecen molestar, o por ejemplo, la distinción entre críos y crías, cuando es bien sabido que una cría es lo que es tanto si es macho como si es hembra: un ser en proceso de desarrollo y que requiere cuidados.
Sin embargo, media España montó en cólera con la posibilidad de que el vocablo miembras, empleado por la ministra de igualdad, se considerase como remotamente posible y resulta cuando menos ridiculo para algunos que empleemos el compañeros y compañeras chicos y chicas ante un público mixto en un mitin o en una clase.
¿Por qué? A lo mejor es que el corazón tiene razones que la razón no tiene. Veremos. Yo no pierdo la esperanza de que sigamos adelante con nuestro empeño de amoldar la lengua, que es un instrumento de comunicación, a las necesidades de nuestra sociedad plural y moderna. No pierdo la esperanza de que incluso los académicos más casposos se dignen a leer algunos libros sobre género y psicología del lenguaje y comprendan que las palabras, siendo algo fascinante, hermoso, digno de admiración... no son lo más importante, lo verdaderamente importante son las representaciones que simbolizan y conforman nuestra realidad. Si la @ llega a ser un signo de igualdad de género además de remitirnos al inabarcable y fascinante mundo virtual, bienvenida sea. Los símbolos están ahí para eso, para simbolizar lo que queramos.
Adjunto enlace con el artículo de Millas al respecto, como siempre, genial.